Una estrategia construida a lo largo de tres presidencias
El relato de Ramos Milanés no comienza este año, sino que abarca varias presidencias estadounidenses. Durante la Administración Obama se restablecieron las relaciones diplomáticas y se firmaron más de 20 acuerdos bilaterales de cooperación. Los estadounidenses —que formalmente seguían sin poder viajar a Cuba como turistas ordinarios— utilizaron categorías autorizadas de viajes culturales, científicos, religiosos y de otro tipo, entre ellas el programa «People to People». Según Ramos Milanés, en determinado momento llegaron a Cuba más de 1,5 millones de visitantes estadounidenses. También describe un fuerte aumento del tráfico aéreo y la entrada de empresas estadounidenses en la gestión de hoteles de La Habana y Varadero.
Cuando Trump llegó al poder por primera vez, este proceso se revirtió de inmediato. Cuba fue incluida en la lista estadounidense de Estados supuestamente patrocinadores del terrorismo, una decisión que, según Ramos Milanés, apartó inmediatamente al país de gran parte del sistema bancario internacional. La Administración Biden mantuvo en la práctica todas las sanciones del primer mandato de Trump y retiró a Cuba de la lista apenas una semana antes de concluir su mandato. Cuando Trump inició su segundo mandato, el 20 de enero de 2025, Cuba volvió a ser incluida ese mismo día.
Desde entonces, la presión ha continuado. Ramos Milanés se refiere especialmente a medidas estadounidenses que amenazan con represalias económicas a países y empresas si venden petróleo a Cuba o mantienen inversiones y relaciones comerciales con el país. Señala como especialmente perjudiciales las órdenes del 29 de enero y del 1 de mayo de 2026. Según el embajador, a estas medidas siguieron listas de sanciones contra numerosas instituciones y altos funcionarios cubanos, acompañadas de prohibiciones estadounidenses de mantener relaciones con los sancionados y amenazas contra actores de otros países que lo hicieran.
Cuando se acabó el petróleo
Las consecuencias de este régimen son, según Ramos Milanés, directas y tangibles. Venezuela, principal proveedor de petróleo de Cuba mediante un acuerdo bilateral, fue a su vez duramente golpeada por las sanciones y dejó de poder entregar los volúmenes pactados. El embajador señala que varios países del Caribe también han mantenido históricamente acuerdos similares de cooperación energética con Venezuela.
México suministró petróleo a Cuba durante todo 2025. Tras la orden ejecutiva de Trump del 29 de enero de 2026, que según Ramos Milanés impone un boicot total a las ventas a Cuba, México ratificó su disposición a continuar los suministros, pero todavía no había encontrado una solución que no implicara el riesgo de represalias estadounidenses. El embajador afirma que el único suministro importante de petróleo recibido por Cuba durante el periodo en cuestión fue la carga de un petrolero de unas 100.000 toneladas, llegada en marzo y suficiente para apenas unas semanas de consumo. Ante una pregunta de Perspektiv, confirmó que el buque era ruso.
El resultado, según el embajador, son apagones que en algunos periodos duran entre 16 y 20 horas, con un sistema rotativo en el que los hogares reciben unas pocas horas de electricidad al día. La situación ha llegado a tal extremo que contenedores con ayuda humanitaria —principalmente alimentos y otros suministros esenciales— permanecen inmovilizados en Cuba por falta de combustible para distribuir su contenido. Ramos Milanés afirma que las Naciones Unidas solicitaron permiso a las autoridades estadounidenses para importar combustible con este fin, sin recibir una respuesta positiva.
El sistema de salud también sufre directamente las consecuencias. Ramos Milanés cita cifras de las autoridades sanitarias cubanas, según las cuales más de 100.000 personas esperan intervenciones médicas debido a la falta de electricidad y recursos en los hospitales. Entre ellas habría alrededor de 12.000 niños. Según el embajador, parte de la educación superior también tuvo que volver a la enseñanza a distancia y al estudio independiente, de forma similar a lo ocurrido durante la pandemia.

La energía solar como solución de emergencia
Al mismo tiempo, Ramos Milanés describe una amplia transición energética como respuesta a la crisis. Según él, Cuba ha acelerado un programa estratégico de expansión de la energía solar, con el objetivo de que esta fuente aporte el 30 % de la generación eléctrica para 2030. La contribución de las fuentes renovables a la generación habría aumentado desde apenas un 3 % el año anterior hasta superar el 10 % en el transcurso de 2025.
Durante la entrevista, el embajador utilizó por error la unidad «gigavatios» al describir la expansión. Fuentes oficiales cubanas señalan que en 2025 se instalaron más de 1.000 megavatios de capacidad solar. Por ello, esa es la cifra utilizada aquí.
Los paneles solares son, según Ramos Milanés, principalmente chinos. El problema es que la energía solar solo produce con eficiencia durante determinadas horas del día y que Cuba —a diferencia de Noruega— no dispone de energía hidroeléctrica como alternativa estabilizadora. Por eso el país también trabaja para refinar su propio crudo pesado y con alto contenido de azufre, con el fin de producir combustible que pueda utilizarse en un mayor número de centrales eléctricas. Según el embajador, una refinería de Santiago de Cuba habría producido recientemente unas 20.000 toneladas de ese combustible.
Ramos Milanés afirma que las autoridades cubanas prevén presentar en julio un amplio programa de reformas ante la Asamblea Nacional. El programa contempla, entre otras medidas, reducir el número de ministerios de 27 a 20, descentralizar competencias hacia los municipios y conceder a las empresas estatales y privadas mayor libertad para elegir socios comerciales de importación y exportación. También se pretende estrechar los vínculos entre los actores estatales y privados. Por ejemplo, los privados podrían contribuir a modernizar fábricas estatales para aumentar la producción y la comercialización.
La pérdida del turismo occidental
El turismo, históricamente una de las principales fuentes de ingresos de Cuba, también ha resultado gravemente afectado. Ramos Milanés señala que varias empresas internacionales han sido presionadas para reducir o abandonar parte de sus operaciones en Cuba. Menciona, entre otras, a las cadenas hoteleras españolas Meliá e Iberostar y su cooperación con la empresa turística cubana Gaviota. El embajador no precisó cuántos hoteles estaban afectados ni ofreció cifras concretas sobre la caída del turismo o del tráfico aéreo.
Durante la entrevista, Perspektiv señaló un aspecto asimétrico de la situación: mientras compañías europeas como Air France e Iberia habían suspendido sus rutas a Cuba, empresas estadounidenses como American Airlines y JetBlue continuaban operando. Ramos Milanés confirmó este hecho y calificó la diferencia de interesante.
Según el embajador, la desaparición de varias rutas europeas se debe, entre otros factores, a la limitada capacidad de Cuba para repostar los aviones. Las compañías deben entonces añadir una escala costosa, por ejemplo en México, para cargar combustible. Los noruegos que desean viajar a Cuba suelen tener que hacerlo, según él, vía Ámsterdam y posteriormente Panamá o México, lo que hace el trayecto más largo y caro. También se refiere a las recomendaciones de viaje noruegas, que aconsejan evitar los desplazamientos no esenciales, y afirma que por ello el número de turistas noruegos es actualmente muy reducido.
Diversificación hacia los BRICS
Cuba intenta al mismo tiempo ampliar sus relaciones económicas alternativas. El país mantiene desde hace años relaciones comerciales con China y Vietnam y ha procurado fortalecer la cooperación con países de los BRICS, entre ellos Brasil, India y Rusia. En los últimos años, India ha aumentado tanto el comercio como las inversiones en Cuba, entre otros sectores en el turismo. Rusia coopera con Cuba, entre otros ámbitos, en la generación eléctrica y, según Ramos Milanés, estuvo detrás del suministro de petróleo mencionado anteriormente.
El embajador también señala la existencia de canales de pago alternativos fuera del sistema financiero occidental, aunque subraya que no conoce todos los detalles técnicos. Estas vías indirectas, por ejemplo a través de China, pueden hacer que las transacciones sean más complejas y costosas.
Cuba posee, según Ramos Milanés, las mayores reservas de níquel del mundo, un mineral de gran importancia estratégica para la industria y la tecnología modernas, además de producción propia de petróleo y gas. Desde su perspectiva, esto significa que las sanciones estadounidenses no responden únicamente a motivos ideológicos, sino que también pueden estar impulsadas por intereses económicos.
Ramos Milanés afirma además que Trump habría enviado un equipo técnico a Cuba durante el periodo de normalización para estudiar posibles inversiones en el sector turístico, entre ellas complejos vacacionales y campos de golf. El propio embajador no estaba seguro del año exacto, y no se alcanzó ningún acuerdo.
La Doctrina Monroe y la amenaza de confrontación
Ramos Milanés vincula finalmente la presión de las sanciones con un patrón geopolítico más amplio. Según su interpretación, Estados Unidos pretende recuperar un liderazgo indiscutido en América Latina, reducir la creciente influencia china en la región y, en la práctica, resucitar el principio fundamental de la Doctrina Monroe: que todo el continente americano pertenece a la esfera de influencia estadounidense.
Según el diplomático, Washington ha intervenido en los últimos años en los asuntos internos de varios países —Ecuador, Bolivia, Colombia, Venezuela y Nicaragua—, y Cuba constituye un objetivo político principal precisamente porque insiste en conservar su soberanía y su sistema socialista.
Preguntado sobre si los reveses estadounidenses en otros lugares podrían llevar a Washington a dirigir más atención hacia Cuba, Ramos Milanés responde que esta posibilidad coincide con la retórica empleada por el propio Trump. Al mismo tiempo, espera que las autoridades estadounidenses hayan comprendido que una campaña militar contra Cuba no sería sencilla.
Apoyo popular bajo presión
Preguntado por la manera en que la población cubana vive la situación, Ramos Milanés describe una agresiva campaña informativa paralela a la presión económica. Considera que medios estadounidenses y actores de las redes sociales intentan atribuir la responsabilidad de la crisis a las autoridades cubanas y debilitar el apoyo a la Revolución.
El embajador sostiene que el respaldo al Gobierno y a la Revolución sigue siendo amplio. Como ejemplos, menciona una campaña de firmas que, según él, reunió más de 6,5 millones de adhesiones en un mes, y la celebración del Primero de Mayo de este año en La Habana. Habitualmente participa alrededor de un millón de personas, afirma. A pesar de la grave escasez de transporte, cerca de medio millón habrían participado este año. Muchos acudieron a pie o encontraron otras maneras de llegar a la manifestación.
El diplomático subraya que Cuba no desea una guerra y que el país ha invitado repetidamente al diálogo y a las negociaciones. Cuba también está abierta a la inversión y al comercio estadounidenses, afirma, pero su orden social no puede ser objeto de negociación.
Ramos Milanés también explicó algunos aspectos de la organización defensiva cubana. Rechazó la suposición del entrevistador de que los cubanos guardan armas en sus viviendas. Según él, las armas se almacenan localmente y podrían ponerse a disposición de la población en caso de una movilización defensiva. Muchos cubanos saben utilizarlas.
También precisó que Cuba no está sometida a un bloqueo naval físico en el que fuerzas estadounidenses detengan los buques que se dirigen a la isla. El asedio es económico: según él, las empresas propietarias u operadoras de barcos que atracan en Cuba pueden ser sancionadas. Los buques aún pueden navegar hacia el país, pero la amenaza de sanciones dificulta y encarece el comercio, los pagos y el transporte.

El silencio del Ministerio de Asuntos Exteriores noruego: cobardía política disfrazada de firmeza de principios
La relación de Noruega con Cuba fue un asunto central de la conversación. Ramos Milanés destacó las contribuciones reales de Noruega: una cooperación en materia de pesca y acuicultura que se ha prolongado durante más de diez años, ayuda humanitaria tras huracanes en las provincias orientales y apoyo durante un brote de chikunguña. Además, año tras año Noruega ha votado a favor de la resolución de la ONU contra el bloqueo estadounidense y ha contribuido a la aprobación de programas de cooperación con Cuba a través, entre otros organismos, del PNUD, UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos.
El embajador afirmó que Noruega había enviado ayuda humanitaria tras huracanes y otras emergencias, pero que hasta ese momento no lo había hecho durante el presente año. También señaló que las autoridades noruegas conocen la gravedad de la situación gracias al contacto continuo con Cuba. Al mismo tiempo, tuvo cuidado de referirse de forma positiva tanto a la cooperación histórica como a la existente.
Un programa anterior de cooperación en tecnología petrolera —mediante el cual más de 300 especialistas cubanos recibieron formación en Noruega, según el embajador— concluyó después de que Noruega decidiera dejar de financiar la cooperación internacional en el sector petrolero. Cuba sigue interesada en acceder a tecnología e inversiones noruegas en este campo, así como en la cooperación en pesca, energía solar y biomasa.
El embajador también abordó el riesgo al que se enfrentan las empresas que desean cooperar con Cuba. En su opinión, los actores noruegos y europeos pueden verse expuestos a la presión de las sanciones estadounidenses si invierten o comercian con el país. Lo describió como uno de los mayores problemas de Cuba y reclamó una respuesta política de la Unión Europea y de países europeos como Noruega. La UE cuenta con legislación destinada a impedir la aplicación extraterritorial de las sanciones estadounidenses, pero, según Ramos Milanés, no la aplica eficazmente para defender a sus empresas y ciudadanos. A su juicio, cabría preguntar a compañías como Meliá o Iberostar si se han sentido protegidas o, más bien, abandonadas.
La crítica que sigue corresponde a Perspektiv, no a Ramos Milanés.
La entrevista se realizó el jueves 18 de junio. Ese mismo día, tras una conversación telefónica con el servicio de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores noruego a las 13:34, Perspektiv envió al Ministerio una extensa solicitud por escrito.
Pedimos conocer la posición oficial del Gobierno noruego respecto de Cuba. Preguntamos si la cooperación práctica se había reducido, por qué no se había enviado nueva ayuda humanitaria durante el año y si las sanciones secundarias estadounidenses influyen en las autoridades, empresas u organizaciones noruegas que desean cooperar con actores cubanos. También pedimos al Ministerio que informara si había aconsejado a actores noruegos abstenerse de cooperar y que explicara cómo puede Noruega afirmar que se opone al embargo estadounidense si, en la práctica, la presión de las sanciones limita las relaciones entre Noruega y Cuba.
El Ministerio no respondió a las preguntas.
No se trata de un detalle menor. El Ministerio recibió preguntas concretas, escritas y verificables sobre la política exterior noruega, las prioridades de ayuda y el margen de actuación de los actores noruegos. Tuvo todas las oportunidades para corregir las premisas, documentar la cooperación y explicar la política del Gobierno. Eligió no hacerlo.
A Noruega le gusta presentarse como una potencia humanitaria, defensora del derecho internacional y voz independiente en la política mundial. Pero los principios que solo se proclaman en la sala de la ONU y desaparecen cuando pueden tener un coste político frente a Washington no son principios. Son construcción de imagen.
Votar una vez al año contra el embargo es fácil. La verdadera prueba llega cuando las autoridades noruegas deben responder si las amenazas estadounidenses limitan en la práctica el comercio, la ayuda, las inversiones y la cooperación de Noruega. Entonces llega el silencio.
Ese silencio se produce mientras Cuba, según la información aportada en la entrevista, sufre apagones de hasta 20 horas, una grave escasez de combustible, largas listas de espera para operaciones y dificultades para distribuir suministros humanitarios. Se pidió al Ministerio que explicara la política noruega ante esta situación. No respondió.
Resulta difícil interpretar el silencio como algo distinto de una evasión política. Noruega quiere recibir reconocimiento por oponerse al embargo, pero no quiere aclarar si en la práctica se somete a sus efectos. El Gobierno quiere ser asociado con ideales humanitarios, pero no explica por qué no llega nueva ayuda cuando la necesidad es aguda. Quiere hablar de un orden internacional basado en normas, pero evita responder si las sanciones de otro país condicionan las decisiones noruegas.
Si las sanciones secundarias estadounidenses no influyen en la política noruega, el Ministerio puede decirlo. Si la cooperación con Cuba es amplia y no ha cambiado, puede documentarlo. Si la ausencia de nueva ayuda humanitaria se debe a prioridades presupuestarias u otras razones objetivas, el Gobierno puede explicarlas.
Cuando no ocurre ninguna de estas cosas, la opinión pública queda ante un Ministerio que quiere recibir elogios por sus principios, pero no tolera preguntas sobre cómo los aplica. Eso no es prudencia diplomática. Es cobardía institucional.
Las preguntas siguen sin respuesta.
Nota editorial: La entrevista fue traducida del inglés y editada para mejorar su claridad y extensión. Se eliminaron repeticiones orales y frases incompletas. La información que no ha sido verificada mediante fuentes independientes se atribuye expresamente a Ramos Milanés o a las autoridades cubanas. El dato de más de 1.000 MW de capacidad solar instalada fue contrastado con una fuente oficial cubana.